febrero 10, 2026
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Por Redacción



Ciudad de México, 9 de febrero de 2026.- El puertorriqueño Bad Bunny (Benito Antonio Martínez Ocasio) convirtió el halftime show del Super Bowl LX en una celebración explosiva de la cultura latina y puertorriqueña, marcando historia como el primer artista solista latino en encabezar el espectáculo y el primero en cantar casi enteramente en español en el evento deportivo más visto de Estados Unidos.

El show de 13 minutos en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, fue una fiesta energética que prometió y cumplió: baile, color, nostalgia y orgullo boricua. Bad Bunny abrió con su nombre completo y un jersey blanco personalizado con “Ocasio” y el número 64 (homenaje a su madre), luciendo un look diseñado por Zara en tonos crema para evitar sesgos de equipo. Interpretó éxitos de su álbum ganador del Grammy “Debí Tirar Más Fotos” (Álbum del Año 2026), como “Baile Inolvidable”, “NUEVAYoL”, “Monaco” y “DTMF”, con coreografías masivas, pirotecnia y un escenario que recreó elementos de Puerto Rico: casita, camioneta vintage y una boda en vivo.

El momento más icónico fue una boda real en el escenario: una pareja de fans que invitó a Bad Bunny a su casamiento fue integrada al show. El oficiante los declaró casados, se besaron ante miles, y Lady Gaga apareció cantando “Die With a Smile” junto a la banda puertorriqueña Los Sobrinos, fusionando el momento con Bad Bunny en baile y celebración. Ricky Martin también se unió en un segmento de salsa y reggaetón, mientras cameos sorpresa incluyeron a Pedro Pascal, Cardi B, Karol G y Jessica Alba en la casita inicial.

El cierre fue emotivo: Bad Bunny llevó un balón al end zone, seguido por una procesión con banderas de países americanos, mientras la pantalla mostraba “The only thing more powerful than hate is love” (Lo único más poderoso que el odio es el amor), y gritó “God bless America” antes de clavar el balón con el mensaje “Together, We Are America” (Juntos somos América), enfatizando unidad continental en tiempos de divisiones.

La recepción fue mayoritariamente positiva: críticos lo llamaron “revolucionario”, “alegre” y “un amor a Puerto Rico”, destacando su energía, producción y mensaje inclusivo. Rompió récords de audiencia en streaming y se convirtió en tendencia mundial. Sin embargo, generó críticas de sectores conservadores y Trump, quien lo calificó de “terrible” y “el peor”, acusándolo de no representar estándares estadounidenses tradicionales, aunque Bad Bunny evitó confrontaciones directas y priorizó la celebración cultural.

El espectáculo dejó un legado: visibilizó la influencia latina en EE.UU., promovió orgullo boricua y diversidad, y demostró que el español puede dominar el escenario más grande del país sin necesidad de traducción. Como dijo Bad Bunny en rueda de prensa previa: “No tienes que aprender español, solo bailar”. El mundo bailó con él, y el Super Bowl nunca había sido tan latino.

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