febrero 10, 2026
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masllade 1960

Redacción

Ciudad de México. María observa a su hija de 17 años mientras revisa opciones universitarias en la computadora. La pregunta que la mantiene despierta ya no es “¿en qué universidad estudiará?” sino “¿cómo prepararla para trabajos que ni siquiera existen todavía?”. Esta inquietud define a una generación de padres que enfrentan un dilema sin precedentes: educar para lo desconocido.

La inteligencia artificial avanza más rápido que los planes de estudio tradicionales. Datos compartidos por la ANDI y reportados por fuentes especializadas indican que el 65% de los niños que actualmente cursan primaria trabajarán en empleos que aún no existen. Mientras tanto, la automatización transforma industrias completas: lo que hoy requiere cinco personas mañana podría hacerlo una sola con las herramientas adecuadas, o incluso una máquina.

“Las empresas ya no buscan únicamente candidatos con títulos impresionantes o conocimientos técnicos específicos”, explica Julio Peña, vicerrector de educación abierta y organizaciones en Tecmilenio. “Buscan personas que sepan comunicarse efectivamente en equipos diversos, que resuelvan problemas complejos sin un manual de instrucciones y que se adapten cuando las reglas del juego cambian de un día para otro. Esas son las habilidades que determinan quién prospera y quién se queda atrás”.

Según información publicada por LinkedIn, las habilidades más valoradas por las empresas incluyen gestión, comunicación, atención al cliente, liderazgo y trabajo en equipo. La plataforma también destaca que las habilidades blandas son cruciales en entornos de trabajo híbrido y remoto, donde la capacidad de comunicarse efectivamente entre plataformas y zonas horarias resulta fundamental.

Por otro lado, Investigaciones de la Harvard Graduate School of Education advierten que muchos jóvenes adultos luchan por encontrar propósito o significado en sus vidas y trabajos, especialmente cuando las perspectivas laborales evolucionan debido a la inteligencia artificial y otros cambios tecnológicos. Los expertos señalan que ayudar a estudiantes a discernir sus vocaciones y perseguir carreras satisfactorias se ha convertido en un desafío educativo urgente.

La respuesta no está en acumular más diplomas, sino en desarrollar un propósito profesional claro acompañado de habilidades transferibles. Los modelos educativos tradicionales, diseñados para un mundo más predecible, deben transformarse.

Algunas instituciones ya están respondiendo a este desafío. El modelo MAPS (Modular, Apilable, Personalizable) que ofrece Tecmilenio representa un cambio paradigmático: combina formación académica de calidad con experiencias prácticas desde el primer semestre. Es decir, no sólo el saber, sino también el “saber hacer”. 

En lugar de esperar años para aplicar conocimientos, los estudiantes enfrentan problemas reales desde el inicio. Colaboran con empresas, organizaciones sociales y comunidades, desarrollando simultáneamente competencias técnicas y habilidades humanas esenciales: pensamiento crítico, creatividad, comunicación efectiva y resiliencia ante el fracaso.

Este enfoque responde directamente a las demandas empresariales actuales. Mientras las competencias técnicas pueden volverse obsoletas en pocos años, las capacidades de comunicación, la inteligencia emocional y la adaptabilidad conservan su valor sin importar cómo evolucione la tecnología.

Cómo acompañar sin imponer

Para los padres, este panorama plantea preguntas difíciles: ¿cómo apoyar sin presionar? ¿Cómo guiar cuando el futuro parece impredecible?

La clave está en cambiar la conversación. En lugar de presionar por carreras específicas “con futuro”, los expertos recomiendan ayudar a los jóvenes a identificar sus fortalezas y valores fundamentales. ¿Qué problemas les importan? ¿Dónde encuentran significado? ¿Qué habilidades naturales poseen?

Los padres pueden facilitar conversaciones sobre propósito profesional sin imponer expectativas. Preguntas como “¿qué aprendiste de esa experiencia?” o “¿qué harías diferente la próxima vez?” fomentan la reflexión y el pensamiento crítico más que exigir decisiones definitivas sobre el futuro.

Lo que necesitan es un fundamento sólido: la capacidad de aprender continuamente, de comunicarse con personas diversas, de resolver problemas sin precedentes y de encontrar propósito incluso cuando las circunstancias cambian.

Para María y millones de padres como ella, el desafío permanece: preparar a sus hijos para un futuro incierto. Pero ahora existe un camino más claro: enfocarse en habilidades duraderas, fomentar el propósito, y elegir modelos educativos que valoren tanto el aprendizaje teórico como la experiencia práctica.

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