agosto 20, 2026
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Por Redacción

Ciudad de Mexico, 19 de agosto de 2026.- Un equipo multidisciplinar ha desvelado hoy en la revista Nature Communications la estructura microscópica que confiere la forma recta y espiral al colmillo del narval, un diente único en el mundo animal. El estudio, realizado mediante sofisticadas técnicas de imagen, fue liderado por Adrián Rodríguez-Palomo, ingeniero de materiales de Getafe que colaboró con expertos tras pasar por Suecia, Dinamarca y Francia.

El narval (Monodon monoceros) es un esquivo cetáceo emparentado con las belugas. Según explica Rodríguez-Palomo: “El narval es, que sepamos, el único animal con colmillos que solo tiene uno, el izquierdo, que crece recto y siempre gira hacia la izquierda”. Esta pieza, que alcanza los dos o tres metros de longitud, solo está presente en los machos y, en rarísimas ocasiones, desarrolla un par derecho que también gira a la izquierda, rompiendo la simetría habitual en los seres bilaterales.

Gracias a una combinación pionera de múltiples técnicas de imagen 2D y 3D, los científicos mapearon la estructura del colmillo desde la nanoescala hasta la macroscópica. El principal hallazgo del estudio indica que, mientras la capa de cemento dental crecía en espiral hacia la izquierda, la capa contigua de dentina, más interna y mucho más gruesa, presentaba el giro hacia la derecha.

La investigación surgió cuando el Instituto de Ciencias Naturales de Groenlandia ofreció las piezas para su análisis. Al respecto, Adrián Rodríguez-Palomo señaló: “Cuando los colegas del Instituto de Ciencias Naturales de Groenlandia nos ofrecieron las piezas de narval, no nos planteamos rechazar la oportunidad de estudiarlo”.

La complejidad de los resultados iniciales sorprendió a los propios investigadores. “Cuando juntamos los cuatro experimentos iniciales, lo primero que pensamos es que habíamos cometido algún error”, admitió el ingeniero sobre el proceso que llevó a confirmar la estructura de giros opuestos.

Este descubrimiento pone fin a siglos de misterio sobre los llamados cuernos de unicornio, que plagaron las colecciones y gabinetes de curiosidades de la nobleza y la burguesía renacentistas. Ya a comienzos de nuestra era, Plinio el Viejo describió en su Historia Natural al monoceros, un ser con cuerpo de caballo y un cuerno en la frente, cuya existencia no se puso en cuestión hasta el siglo XVII, cuando se describió el cráneo de este animal marino con su enorme ‘cuerno’ helicoidal.

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